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sábado, mayo 26

enferma

caí, derrotada, a manera de lágrimas fragmentadas en vidrios rotos.
el vómito de mi vida tiene mal aliento y no se cansa de echar fuego al carbón de mi ansiedad. con todo, odio y temo, y desprecio con más fuerza el frustrante no logro de mi existencia. la vida realmente se resume en una larga lista de por qué's antes de porques...

cuando cuelgo el auricular, del otro lado yace otra persona que no quiso responder, ni a mis llamados clandestinos, ni a mi locura ni a mi desagrado. a ese lo detesto más que a mi alma, torturada por las ratas del asilo encendiado. con olor a culebra crucificada, su cabeza de ajo malsana mi expulsión material y todo sabe a pescado moribundo desde hace ya tres cuartos de siglo. con su baba convoco la salvia de mi pócima.

ahora a mi boca corto con los mismos espejos fragmentados de llanto.

el vómito a causa de la intoxicación con mi propia vivencialidad, así resumo el estado continuo de este ser sin nombre, de este abominable concurso por sobre-vivir.

martes, abril 24

la historia de joaquín, la nuestra humana


cuando ana me relató que a joaquín lo habían trasladado fuera del ala oscura, decidí que era hora de ir a visitarlo.

planié muy cuidadosamente la visita. así, preparé comida en mi cocina de leña, unas cebollas moradas cocinadas en vino tino con azúcar, junto a un trozo de carne grueso y apetitoso incluso para el carnívoro más pusilánime, sazonado en aceite de oliva con ajo y romero. recordaba que a quincho siempre le gustaba sentir la sangre de un animal muerto en sus dientes, lengua y garganta, pues decía que refrescaba su sed de dolor y maldad. por estar pensando en sus dientes sucios de sangre de res, se me quemaron las pobres cebollas moradas y la carne se sobrecocinó; ya no servía mi intención de refrescar su vida por medio de un almuerzo trabajado, tenía entonces que elaborar otra estrategia para mi visita inaudita.

de tal manera recordé que había un vino tinto que a quin le fascinaba, se llama Tierra del Sur, argentino, cerca de la zona chilena donde se hacen los mejores vinos de este suelo. me recordé, porque viendo una foto de la vasta y amplia playa de la costa puntarense, fui trasladada yo a la oscuridad de aquella noche en la que aquél se emborrachó con dicho afrodisiaco y se lanzó al mar mientras gritaba alaridos coyotescos y llanto sufrido al mar, mojando sus venas desangradas color vino Tierra del Sur, diluídas con la sal y el oleaje blanco de la mar. sin embargo, cuando me levanté y caminé lentamente hacia la despensa, llegando al destino, descubrí que efectivamente había dejado de comprar este licor debido a, precisa e irónicamente, el episodio mismo que acabo de refrescar en mi cuerpo. además, ¿cuál sería la casualidad de que podría tomarme una copa o dos en una sala del ala no oscura con él? realmente, yo no estaba pensando clara ni inteligentemente. necesitaba creativar mi mente...

me acosté sobre mi cama, viendo el techo blanco de relieve uniforme, el cual reflejaba la luz mediodial. cerré los ojos y traté de recordar a joaquín, su olor, su sabor, su locura. lo único que queda fresco en mis sentidos es su demencia, aquella que inevitablemente me enamoró de su sencillez de perturbación humana. ¡cuántas tardes gozábamos con su invención histórica de un pasado afectado de la tortura de ser él quien era! ¡cuántas veces nos besamos entre golpes, cachetadas y violaciones violentas de color violeta! cuando me acuesto a dormir me cuesta abrazar su ausencia perfumada de esquizofrenia y paranoia acechada en las calles de berlín del este. igual que el grafitti de estas avenidas, su trastorno no era producto de un malestar real, sino de uno vivencial, una creación a partir de su insatisfacción de tener que vivir en un mundo en el cual la inhumanidad, dessolidaridad e indiferencia reinan a manera de león en la selva. su equilibrio intelectual se transformó así en un desequilibrio emocional de la existencia misma llevado al extremo, intentando llamar la atención de los no-locos con lo opuesto, buscando abrir sus ojos por medio de las salidas caóticas de su sentir.

por todo esto y más, joaquín estaba ahora apenas salido del ala oscura, donde la sociedad mete a aquellos que han des-aprendido a vivir entre los demás, a éstos que deprimidos dentro de su piel cantan ahuyentando la comodidad y tranquilidad serena de un día más. ellos, los locos... sí, claro, por supuesto, había dicho joaquín, entretanto lo amarraban a un bus de garrotes y rejas eléctricas; como no, así es, mientras lo escondían tras paredes negadas de verde y aire fresco; ¿por qué no?, la verdad, las cosas... pues, ¡obviamente! y así, joaquín moría sus días en un ala sin luz.

bueno, divagué de mi propósito y las horas de visita estaban por terminar. fue por esto que decidí aguardar unas horas en mi aposento hasta que sonara la campana del almuerzo y de las pastillas, pues no tenía qué ofrecerle al sabio demente. cínicamente me había desposado de mis trajes de negocio, de mi figura esbelta de mujer independiente en un mundo de hombres y de mi deseo de amar a manera de hollywood. así, yacía sobre mi cama blanca, acostada entre cuatro paredes además blancas, sin espejos, sin nada filoso con lo que podría abrir el cerrojo de mi realidad petrificada; aquí, guardada como una niña castigada severamente por ignorantes padres abusivos. y ahora, viendo a través de mi ventana amarrada y la imposibilidad de salir corriendo a la naturaleza, me doy cuenta que tampoco hoy podré ver a mi querido joaquín.

martes, abril 17


el existir tiene una manera perversa de hacerte sentir...


domingo, abril 8

...

domingo, abril 1

cuento encantado

cuando monto el caballo de la agonía, cabalgo por horas enteras, completas en su transcurrir minucioso. en tanto cuatro veces escucho lo asieno, muerdo mis labios cortados por el frío, despotricando contra el reflejo marcado en papel fotográfico. junto a gatos negros camino bajo escaleras verticales y en el horizontalismo donde el mar y el cielo se unen, caen las estrellas florecidas en la noche madrugueña. en mis manos las atrapo y las hago volar por entre mis silbidos, sectas mistéricas de algún tiempo lejano, los cuales se repiten en el círculo de la perfección ovalada.

cansada de lamentar el amor, se levanta la mujer de ropajes blancos de negrura, cargando la lámpara que con gas ilumina la escalera del caracol. protestando, junta la lluvia del bosque con sus manos, entretanto aprovecha para alimentarse con la ilusión de sus hadas, espejismo sereno de ratas moribundas. en su viaje crea colores protestantes, dejando en su ingle el recuerdo de la máquina inservible, pues imposiblemente la satisface. en compañía de la superstición por sus roedores cadavéricos, manifiesta un abrigo de piel raquítica, cubierta por huesos y gotas de rojo. de manera oscura, saborea el fuego donde ha cocinado sus amigas aladas de bigotes sucios y cubre con el manto de su sed la garganta raspada por la flema de su catarro.

al toparme con el horizonte unificado, noto el vuelo de la dama de oscuridad iluminada, a su lado arrastra los restos de su campamento asesinado, hocicos amarrados a un cordón dorsal por un sueño maldito del querer amar. el concierto de la madrugada comienza al son de su grito vacuo y hunde en su vacío el colorido de su piel abrigada. el sol comienza a soltar rayos olorosos, luz quemada y azules de la quinta hora, así capta ella mi presencia, absorta en la poética de mi pensar.

sentada observo su sombra reflejada en el aire y ella nota mi visión dulce, plena de lágrimas aún no derramadas y de sangre aún no menstruada. mi infancia es el pasado de ella la mujer abandonada, olvidada a vivir muerta en el bosque encantado; encarna sus púpilas en mi cabello rizado mientras siente el cráneo calvo de su estancia; piensa sus senos al castrar mi pubertad; desmiembra su boca al besar mis labios y lanza sus deseos irascibles hacia mi propio desear.

aquí mi caballo agonizante se aterroriza por el aura de la mujer encantada, las ratas aladas prueban su cola larga de tiempo y éste azota refunfuñando las patas de su sostén. así, corre lejos de mí, olvidándome en el lago donde la noche y la mañana se convierten cíclicamente alrededor de la existencia. sola, me he convertido presa de la soledad, aquella la mujer con la lámpara apagada, inconsciente de su propia profundidad oceánica manchada de luz.

mi agonía se ha marchado, pero ahora me invaden los roedores de la mujer solitaria, pues busca transgredir mi inocencia para convertirse finalmente en mí. abro mis piernas y ella denota mis curvas floreadas, la primaveral razón de ser niña, y toca mi interior para poder adentrarse calladamente. con su lengua conoce cada rincón y pliegue de mis coyunturas, saboreando su propio sudor mientras se ahoga en el flujo hormonal de su postración frente a mi cuerpo.

finalmente, soy fundida en una cuando dos veces canta la quinta mañana del tercer mes encantado. soy el principio del final, aquel que nunca termina de cantar, ahuyentando el pasar de cualquier andar perdido. me convierto ahora en esa la voz apagada y esparcida como compañera del amanecer caído. con silencio, me acuesto a dormir suciamente para nunca más recordar quién fue la mujer de ropajes centenarios.

miércoles, marzo 14

(a) diario


ahora que he quedado sola, vuelvo a ver hacia la ventana y su fueridad, encontrando mi mirada un árbol que en su verano ha logrado sacar flores rosadas que luego, al caer, dejarán el pavimento aceroso cubierto de color alegre. detrás de su colorido, el cielo, y antes del azul, millones de cables eléctricos. debajo del cielo, una carretera que solía ser un simple barrio ausente de caos, ahora, hora pico frente a mi pobre paisaje.



le prendo fuego al fino porro delgado que he podido enrolar en mi soledad, pues para poder drogarme ocupo tan solo tres pofs ligeros. fumo sentada al borde de mi cama, cubierta con un cubrecama azul; mis manos se refrescan caídas fuera de la ventana y fumo quietamente mientras el sol comienza a bajar a mi derecha. pienso en tejer los colores del cielo en una hermosa manta que usaría para cobijar mis penas, mis sueños, mis temores y mis anhelos. luego, bloqueo el claxon de aquel taxista desesperado y los gritos insultantes de los conductores vecinos para comenzar a hablar con los miles pensamientos apresurados que comienzan a transitar mi antes, similar a la calles, poco caótica mente.


comenzé a llorar hace un segundo, pensando en mí. es como un si un maremoto me drogara en su potencia, dejándome perdida al salir del agua.


en el trasfondo escucho música y me gusta cantar en voz alta, incluso bailar, me recuerda que en algún momento tuve infancia. quisiera recordarme de esa persona que me enamoró de mí misma, y en este caso, obviamente, hablo de mi persona. miro hacia atrás, sobre mi espalda, y noto el desorden de mi biblioteca... miles, exagerando, de libros llenos de información interesante. su desorden me desmotiva, el solo hecho de ver toda la información combinada en estantes equívocos, in-separados de la mejor manera, me causa pereza de abrir cualquiera de ellos. estoy peleada con mi lectura. en los libros ya no encuentro soluciones a la vida, quizá porque leo los que no son, o más bien, los leo mal. quizá la información es lo detestable, nada hay como la literatura...


paralelo a la biblioteca está mi espejo, me observo, y así, afectada por un poco de monte viejo y lleno de porquería, me observo. me encanta observarme en el espejo, directo a los ojos, como si estuviera viendo a otra persona. ¿qué me dicen mis ojos? claramente, estoy ante mi esquizofrenia, aquella que se acumula de paranoia, y entonces dudo, dudo de si estoy diciendo-me algo sincero o sereno. simplemente, dudo, de lo que sea, de mi nombre, de mi cuerpo, de mis emociones.


dudo, de mi existencia, y me río, de mí misma.

domingo, marzo 11

zorreando

tus amantes son espejismo de mí, de mi fuerza, de mis letras y de mi cuerpo.

yo no dejo de ser ya tus quejas: ladrillos color mierda, labrados con verborrea hiriente, pues tu debilidad no es tu fuerza, es tu desdicha. culpando tu sangre miras la mía y filosofas las noches enteras en que cantándome cortos destellos de risa éramos niños. te gusta sufrir, sentado en la silla de tu juicio erróneo, tu miseria puesta en escena.

buscas brazos que te sostengan mientras caes en el vertiginoso absurdo del adiós, y creyendo mi cuerpo pertenencia de otro, juras muerte sobre tu existencia asesinada. ¿dónde está el genio, el dandi que se esconde entre verdes y azules monstruosos nunca antes concebidos por el mundo? está llorando en un cuarto oscuro, frente a un reflejo del rostro antiguo, desfigurado por aquellas tus lágrimas. el reflejo también llora, cansado de ser un tiro al fuego.

tus besos mueren en los labios de las otras personas que buscan reemplazarme pero harto sabido es que el color reseco de mis labios es tuyo. me crucificas y fijas la raíz de tu roble degollado en mis piernas, delicia lejana que te prohibe entrar. el juicio de nosotros fue el tiempo y el juez, tu odio.

jueves, marzo 8

el otro tiempo iba paseando por encima del charco sucio con lluvia cuando me topé con una tonada color musica, en su harmonía he podido esclarecer números delicados que producían pentagramas de pensamientos complejos. grabé la pieza en mi salón, junto a los cuadros oscuros de pinturas literarias y sus respectivos colores escondidos; acompañándose yacen mis zapatos cafés por el fango y mi piel, luego de haberme desnudado.

miércoles, marzo 7

absurdez


luchar contra el furor de tu recuerdo equivale a declamar versos homéricos de memoria, a protegerse de miradas intrusas sin párpados, a masticar sin boca. dentro del extirpamiento de tumores yacen semillas de posibilidad, vidas con laberínticos encuentros, sueños asesinados y amaneceres indescifrables. pero con todo, cada grano de tiempo se sumerge en mi ser, aquel que creaste con manos ambidiestras moldeando tus deseos estancados, y vivo entre miradas desesperadas y corazones abiertos, ayeres y mañanas, soledades y excitaciones.

lentamente espío mis pensamientos, susurros maquiavélicos, y descubro que esta vida se compone de espinas que atraviesan mi corazón, coronas de maldiciones y juegos pecaminosos, pero siempre para poder alzar la vista y ver la hermosura radiante de un follaje color otoño que se mece con el viento eterno.

en la oratoria de los perdones nada es excusable y decir sentir se marchita en la pudrición de los olores rancios. sin nada, pedir perdón (no) es absurdo cuando la decepción se acuesta a dormir junto al odio y la incomprensión. etiquetas de un porque y no un por qué evindencian la nada completa, el fracasar de un intento amoroso donde permanece el cariño que apoya su dolor sobre un estante de libros marmóleos.

tejo y destejo mi ser entrelazado con el alter ego cercano para justificar mi llanto infantil. cuando vista la calle ausente de compañía, podré caminar erecta sobre la acera acostumbrada a la lluvia lacrimosa de una crucifixión (in)necesaria; cargaré mis pañuelos secos y los mojaré con el agua empapada de mí.

vos sos mi perversión absurda, perdida y desactualizada.

viernes, marzo 2

un día más

la nostalgia siempre me quema, me recuerda que existo entre melancolía y palabras, sueños y pesadillas, poesía y cuentos tristes de futuros despedazados.

el filósofo viene una vez en la vida,
creo que eso es lo que más disturba mi presencia ausente;

(pero nada como su silencio)

sábado, febrero 24

me gusta sentarme bajo el sol y beber, fumarme verde incluso.



me satisfago con un espejo y sus fragmentarios reflejos de mi cuerpo.

me recreo en la desnudez de mi ser, pues me seduce el yo que se esconde en el deseo del otro.

gozo con el sexo ajeno, con el propio y con el inconcebible. vivo entre gemidos y orgásmicas convulsiones de pasión. exploto en sincera delicadeza y sutilmente cubro mi entrepierna con tu mano.

martes, febrero 20

sinfonía de un nuevo mundo

cuando fui infante lloré al escuchar los violines afinar en el teatro, luego aprendí a escucharlos en unión con los clarinetes y vientos: fue aquí cuando comenzé a soñar con la ausencia de soledad.
Oía mares y lagos declamar su agua en gorriones volátiles;
un desierto arábico con el mercado respirando caóticamente en sus esquinas;
cortinas blancas que volaban al interior de la estancia, cubriendo mi cuerpo en la cama.


en la ventana lo veo, un silencio. su estruendo me calma, el estar envuelto en sentimientos como la piel sobre los huesos logra crear un todo en la nada, como el caos antes de la tierra.


a través de la transparencia silenciosa veo la noche, en su ceguedad me lanzo, así a un abismo del vértigo.


el salto sin fin no sería lo que fuera si no hubiera sido por el llanto en el teatro.